ÉTICA, POLÍTICA Y CORRUPCIÓN

Tres temas álgidos tocados por el pensamiento de José Manuel Rojas Calderón

Por José Manuel Rojas Calderón

Se inicia en Colombia, en estos días, un nuevo periodo legislativo y en el próximo mes, con la posesión de presidente de la República, un nuevo Gobierno. Así mismo se viene arrastrando en los últimos años un cuestionamiento permanente a las diferentes ramas del poder, a los entes de control y a la organización electoral que hacen parte del Estado y de los diferentes entes que lo representan sobre su forma de actuar y sobre todo por la corrupción y falta de ética que en ellos pululan,
vale la pena hacer una reflexión sobre estos tres conceptos sobre los cuales vera este articulo: Ética, Política y Corrupción.

La ética y la política, en la democracia moderna, están ampliamente relacionadas y por lo consiguiente, en la mayoría de las ocasiones resulta tensa y peligrosa, ya que ambas están ligadas a un concepto relativo de la moral en donde existen, en un plano de igualdad, distintas concepciones propias de toda sociedad compleja, pero que, así mismo, no puede ser sostenido en el campo de la política, dado que cuando se inmiscuyen los actores políticos, por ejemplo para conformar una
política pública, las acciones de poder, al penetrar la dimensión ética, se genera una gran distorsión, ya que el discurso de la ética se convierte en una mera formalidad de justificación del poder, tal y como se refleja en estos días en donde las acciones finales del gobierno se están cuestionando ampliamente. Así pues, existe una constante tensión entre ética y política que refleje de una forma en que se observe, un modo único o, incluso, satisfactorio de resolución de la problemática pública, ya que prevalecen los intereses particulares sobre los colectivos.

Al analizar la relación entre la política contemporánea y la ética, se observa que tanto en los países del primer mundo, como los de en vía de desarrollo y los denominados subdesarrollados se presentan problemas de corrupción, cada vez más crecientes; aun cuando existan discursos de transparencia y se establezcan normas de control, en donde incluso se han creado de normas de control interno que tienen a la ética como el fundamento de los valores morales y que guían el
comportamiento humano buscando que las sociedades organizadas se
caractericen por la transparencia. Sin embargo, en la realidad, prima el egoísmo individual y las ansias de poder económico y político; aquí el “todo vale”, comienza a volverse una constante. Los actores políticos manejan una doble moral, de una parte, tienen el discurso moralista, pero por “debajo de la mesa” se la juegan para obtener el beneficio personal o colectivo, pero de solo una élite determinada que pretende su beneficio.

La relación entre ética y política, en el país se mueve entre el discurso que pretende y debe moralizar los estamentos públicos, en donde no basta con propender porque no exista la apropiación indebida de los recursos públicos, lo que de lograrse sería un avance significativo, sino que existe la necesidad que las actuaciones sean claras y no se hagan “jugaditas” para la toma de decisiones y se tenga la utilización del poder para hacer sacra partido y se obtenga en beneficio personal.

La política puede ser analizada como la búsqueda para establecer o de bloquear políticas públicas sobre determinados temas, o de influir en ellas y son un factor común de la política y de las decisiones del gobierno y de la oposición. Dentro de estas, al momento de su formulación existen actores obvios como la sociedad, hacia quienes deben estar dirigidas y los decisores que en Colombia por ejemplo,
toman posesión los 20 de julio de cada cuatrienio de gobierno, pero también existen otros, no menos importantes que son los grupos de interés en donde como en una bolsa heterogénea se reúnen sindicatos, grupos financieros, asociaciones de diferente índole, entidades supranacionales y muchos otros que igualmente buscan su propio beneficio y que en muchas ocasiones entran en plena contradicción con los intereses de la sociedad, buscando por ejemplo exenciones tributarias, favorecimientos a la hora de demandar un bien o servicio o cualquier otra situación que de pronto este dentro de la legalidad pero que no puede ser ético pues busca simplemente beneficio personal; también al entrar el ejecutivo (gobierno) como actor propende beneficiar a ciertos sectores en donde tiene sus propios intereses a saber: clientelas o proveedores y entonces el cumplimiento de la ética gubernamental no se cumple y va a convertirse en un delito contra la
administración pública y en una muestra clara de corrupción. Estos y muchos otros factores podrían considerarse bajo esta relación Ética, Política y Corrupción.

“El objetivo de la política es y será siempre el poder”, Maquiavelo lo hizo evidente en “El Príncipe”, especialmente en los consejos al gobernante, quizás por la premisa de la ética, esta afirmación no se admitía y también porque dentro de las relaciones en las sociedades tradicionalmente jerárquicas, de las que quedan la , el poder se justificaba por la condición social a la que se ingresaba desde el momento de nacer. Con la modernidad y la aparición del mercado, comienza a diferenciarse una esfera privada de una pública, y el poder aparece, entonces, claramente separado de toda condición ética; aquí priman los intereses económicos y no necesariamente lo que significa buen hombre y buen ciudadano que ya no coinciden con la nueva
realidad sino que todo terminan obteniendo un valor, como en la canción de Villamil “amigo cuanto tienes cuanto vales”, es decir que ahora cada ser humano termina siendo una mercancía. No hay continuidad entre público y privado y bajo esta relación de poder cada uno saca partido, asumiendo el concepto de Foucault en “la microfísica del poder” cada quien pretende hacer lo suyo y tomar sus propias decisiones, tan solo que aquí la condición es mire a ver que hace de ahí
que ética en general se haya desvalorizado y la corrupción se incremente cada vez más. Así, las cosas, se puede considerar que la ética pública no guarda relación alguna con los valores de la moral.
Recuperar una ética pública significa crear un contenido específico que considere que valores como la moral se den las relaciones de fuerza en una sociedad particular. Esto hace que las relaciones entre ética y política, en el contexto de las sociedades contemporáneas, se mantengan en una constante tensión que no tiene un modo alguno fácil resolución. En términos generales y abusando de la simplificación, se puede decir que se puede apelar a la simple imposición de deberes, incrementando la represión del Estado respecto a la aplicación de la
justicia en sus faces de investigación y de juzgamiento, pero también
necesariamente una acción educativa para conocer y reafirmar valores de la sociedad como la moral y la honestidad y llegar a una racionalización que permita la definición de valores consensuados en la sociedad.