LA VIDA EN ABUNDANCIA: EL VALOR DEL DEPORTE EN EL MAGISTERIO DE LEÓN XIV

«En su Carta titulada “La vida en abundancia”, del 6 de febrero de 2026, el Papa León XIV ofrece una
profunda reflexión sobre el valor del deporte como camino de humanización, de encuentro y de crecimiento
integral»

HERNAN OLANO

Por Hernán Alejandro Olano García.

En su Carta titulada “La vida en abundancia”, del 6 de febrero de 2026, el Papa León XIV ofrece una
profunda reflexión sobre el valor del deporte como camino de humanización, de encuentro y de crecimiento
integral. Inspirado en las palabras de Cristo —«Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en
abundancia» (Jn 10,10)— el Pontífice sitúa el deporte en el horizonte de la plenitud humana, entendida no
como acumulación de éxitos, sino como armonía entre cuerpo, espíritu y comunidad.

León XIV recuerda que el deporte no es solamente una actividad física ni un espectáculo competitivo. Es,
ante todo, una expresión universal de lo humano. Desde las antiguas tradiciones atléticas hasta los Juegos
Olímpicos contemporáneos, el ejercicio deportivo ha constituido un lenguaje común capaz de superar
fronteras culturales, políticas y religiosas. En este sentido, el Papa destaca la importancia de la Tregua
olímpica como signo concreto de que la competencia puede convivir con la fraternidad y la paz.

El deporte, cuando es vivido auténticamente, educa en virtudes esenciales: disciplina, perseverancia,
lealtad, respeto por las reglas y capacidad de aceptar tanto la victoria como la derrota. El Pontífice subraya
que perder no equivale a fracasar como persona, ni ganar autoriza a la arrogancia. En el campo de juego se
aprende que el límite no es un obstáculo, sino un umbral que da sentido al esfuerzo. Las reglas, lejos de
restringir la libertad, constituyen la gramática que hace posible el encuentro.

Particular atención concede León XIV al deporte en equipo, que fomenta la superación del individualismo.
Jugar juntos implica reconocer las propias capacidades y ponerlas al servicio del grupo. Así, el atleta
experimenta que su identidad no se construye en aislamiento, sino en relación. El deporte se convierte
entonces en escuela de fraternidad y en antídoto contra el narcisismo que caracteriza a muchas expresiones
de la cultura contemporánea.

No obstante, el Papa advierte también sobre los riesgos que amenazan el auténtico espíritu deportivo.
Cuando el lucro, el rendimiento absoluto o la instrumentalización política se convierten en el criterio
dominante, el deporte pierde su dimensión humana. La mercantilización excesiva, el dopaje, la corrupción
o la reducción del atleta a “producto” desfiguran su sentido original. Servir únicamente al dinero o al éxito
equivale a traicionar la dignidad de la persona.

En su reflexión, León XIV ofrece una visión integral del ser humano, en la que el cuerpo no es despreciado
ni absolutizado. Frente a antiguas concepciones dualistas y a modernas tentaciones transhumanistas,
reafirma la unidad de cuerpo y espíritu. El deporte, correctamente orientado, contribuye a esta integración,
ayudando a la persona a conocerse, a disciplinarse y a armonizar sus dimensiones físicas y espirituales.
Así mismo, el Pontífice insiste en la dimensión inclusiva del deporte. Este debe ser accesible a todos: niños
y jóvenes, personas con discapacidad, refugiados, mujeres y comunidades vulnerables. Allí donde el
deporte se abre a los más frágiles, se convierte en instrumento de dignidad y esperanza.

“La vida en abundancia” no alude a la supremacía sobre otros, sino a la plenitud compartida. El deporte,
vivido como servicio y no como idolatría del rendimiento, puede ser una escuela privilegiada de
humanidad. En el esfuerzo cotidiano, en la competencia leal y en la alegría del juego, el ser humano
descubre que la verdadera abundancia no nace del triunfo a cualquier precio, sino del crecimiento interior y
del caminar juntos.